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Celulares en las aulas: ¿deben ser prohibidos o alentados?

Francia acaba de oficializar su política de prohibición del uso de celulares en las escuelas. El presidente Emmanuel Macron cumplió su promesa de campaña y ahora las escuelas deberán pedir los celulares de los alumnos a la entrada y devolverlos a la salida de la escuela. La restricción de su uso en las aulas ya existía, ahora directamente se estableció a la escuela como zona anti-celular.

El caso permite reflexionar sobre el uso de los celulares en las aulas. ¿Deben ser prohibidos o alentados?

El debate así planteado puede ser superficial. No se puede contestar esta pregunta sin comprender la naturaleza de los sistemas educativos y sus posiciones pedagógicas.

El celular altera el orden de un sistema educativo acostumbrado a la norma centralizada, el saber basado en un currículum homogéneo y el trabajo simultaneo de los alumnos bajo el método expositivo del docente. El celular distrae, saca la mirada del frente, desdibuja el tiempo de la lección, desarma la clase.

No es extraño que en un sistema educativo basado en la pedagogía frontal, como el francés (prueba de ello es esta notable investigación comparada), los propios docentes pidan auxilio al Estado para controlar la clase. La decisión del presidente Macron está avalada por 200 años de historia del centralismo napoleónico francés. El método simultáneo nacional diseñado por el ministro Jules Ferry en 1880 ha dejado su ADN en los saberes y sentimientos de los docentes.

¿Deben los países de América Latina seguir el rumbo francés, como lo han hecho en gran medida a lo largo de su historia pedagógica, y prohibir el celular? ¿Ayudaría o perjudicaría a los docentes y alumnos?

La pregunta tiene una derivación pedagógica: ¿cuáles son los modelos de enseñanza que queremos propiciar?

Distintos estudios muestran el potencial de los celulares para fomentar pedagogías activas, conversacionales, el aprendizaje situado, colaborativo y conectado. En esta visión, el celular es una “navaja suiza pedagógica”. Permite buscar conocimiento, producir contenido, conectarse con el mundo, leer o filmar cientos de películas. Puede incluso alterar el mundo con incontables aplicaciones al alcance de la manos. Así lo demuestran experimentos como Lab4u, que diseñan un laboratorio científico en el celular.

El celular favorece el aprendizaje colaborativo, flexible y espontáneo al ser ubicuo, portable, inmediato, flexible y adaptable. Con el celular se puede investigar, resolver problemas, buscar respuestas alternativas en tiempo real, grabar clases para repasar luego o elaborar trabajos multimedia conectados con alumnos de otros países del mundo. Con el celular se puede evaluar y dar feedback inmediato, personalizar la enseñanza, continuarla en cualquier tiempo y lugar. Con el celular conectado el aula no tiene muros, tal como prometía Marshal McLuhan.

Estas promesas están consolidadas en excelentes documentos donde se promueve el uso de los celulares para la enseñanza y el aprendizaje: las directrices de la UNESCO, la guía de Fundación Telefónica y otros manuales.

Buscar evidencias sobre el impacto de los celulares en el aprendizaje es una tarea engañosa. El mayor meta-análisis que disponemos sistematizó los resultados de 110 estudios y encontró que los celulares tienen un efecto positivo de escala media en los aprendizajes. Un 70% de los alumnos obtuvo mejores logros cognitivos de aprendizaje usando celular. Esta evidencia es valiosa, pero no hay que extrapolar desde allí: un promedio tan general desconoce los contextos variados de aplicación.

Los celulares en las aulas dependen de las identidades pedagógicas que se promuevan. En escuelas rígidas, donde los alumnos hacen todos al mismo tiempo lo que sus docentes les ordenan, los celulares pueden debilitar el aprendizaje. En ciertos países salir de esos modelos parece una aventura lejana y riesgosa. Quizás entonces esté justificado ser coherentes con su identidad pedagógica y prohibir los celulares. O dar esa opción a cada escuela para no forzar a todos al mismo camino.

La incorporación de los celulares en las aulas puede basarse en la hipótesis de la resignación, que puede formularse así: “como no podemos combatir el celular, dado se usa todo el tiempo, mejor incluirlos en la enseñanza”. Esta visión tiene resultados limitados.

La otra hipótesis es pedagógica: “queremos alumnos que investiguen, produzcan conocimiento, colaboren, conozcan lo que pasa en el mundo, queremos conversaciones vivas en las aulas, explorar, aprender con múltiples opciones, personalizar el aprendizaje, extenderlo más allá de las aulas…”. En este caso el celular es un gran aliado, tanto como lo son los libros, o cualquier material que expanda las fronteras del aprendizaje.

Las pedagogías son el verdadero desafío: de allí saldrán las necesidades de los docentes de usar los celulares para transformar el aprendizaje de los alumnos.

En ese camino, no hay que olvidar que en América Latina existen todavía numerosos alumnos sin celular o sin conectividad. Muchos países avanzaron en la dotación de equipamiento, pero la conectividad a internet en las escuelas de América Latina (la excepción es Uruguay, con conectividad casi total) es una deuda todavía pendiente y cada día más urgente.

 

Hace casi 100 años un pedagogo francés, Célestin Freinet, llevó la imprenta a la escuela. Su pedagogía proponía convertir a los alumnos en investigadores: indagaban los contenidos del currículum en la vida real, escribían historias, exploraban el mundo y su comunidad. Luego convertían todo su material en una revista, gracias al laborioso esfuerzo de la imprenta. No existía internet, pero la pedagogía Freinet ya estaba buceando el mundo.

En 1991 la Ecole Freinet de Vence fue convertida en una escuela pública del Estado. ¿No se podrá usar celulares tampoco allí en 2018?

Vivimos un tiempo paradojal. Es la etapa más fecunda de la historia para expandir el conocimiento gracias a internet. Pero también lo es para expandir el entretenimiento y la distracción instantánea. ¿Ganará la batalla el aula tradicional que expulsa al celular y, con él, todas sus maravillas y distracciones? ¿O la pedagogía se reinventará para apropiarse del mundo de los alumnos y traerlo a las aulas? Freinet ya no está entre nosotros para contestar la pregunta. Es nuestra pregunta ahora.


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