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¿Jornada extendida o escuelas digitales? La revolución del tiempo en la educación

América Latina necesita una discusión urgente sobre el tiempo escolar. Esta discusión ya no puede esquivar el futuro cercano y la posibilidad de crear un nuevo modelo educativo híbrido (parte física y parte virtual), que podemos llamar “escuelas digitales”.

Se están creando escuelas de jornada extendida/completa/única por todas partes. Chile comenzó temprano y ya tiene al 90% de los alumnos en escuelas de jornada completa. México lanzó en 2007 el Programa de Escuelas de Tiempo Completo. Argentina tiene una política nacional que apunta a llegar al 30% de los alumnos con jornada extendida. Uruguay ofrece al 10% de los alumnos escuelas de tiempo completo. Brasil lanzó el Programa Nacional Más Educación. Colombia les sigue con sus escuelas de jornada única. Venezuela y Cuba también avanzaron en la misma dirección. Varias experiencias pueden verse aquí.

La EJE (llamamos así a todas las experiencias de Extensión de la Jornada Escolar) es parte de un inmenso crecimiento del presupuesto educativo en América Latina. Gracias al crecimiento simultáneo del PBI y del gasto educativo frente al PBI, entre 2002 y 2001 el gasto por alumno pasó de 1.261 dólares a 2.084, según un estudio comparado de 7 países de la región.

Con esos recursos se buscó ya no solo ampliar la cobertura sino mejorar la calidad. Aumentar el tiempo escolar tiene esa aspiración. Pero también otro deseo explícito: sacar a los niños, niñas y jóvenes de la calle. Que estén en la escuela todo el tiempo que se pueda será mejor para aquellos que viven en situaciones difíciles.

Esta inmensa inversión estatal no ha dado grandes frutos en la calidad de los aprendizajes. Las distintas evaluaciones muestran que el aumento del tiempo escolar tiene un efecto positivo en los logros de aprendizaje, pero demasiado leve para el tamaño de la inversión. Hay diferencias entre los modelos, claro está. Uruguay parece haber tenido mayores logros con sus escuelas de jornada completa que Chile. Pero en todos los casos la inversión es demasiado grande y el riesgo es que las escuelas hagan “más de lo mismo”, conteniendo a los alumnos frente a los riesgos externos sin lograr grandes mejoras en los aprendizajes.

En paralelo a este gran movimiento están comenzando a aparecer las “escuelas-híbrido” (o blended en inglés). En estas escuelas el tiempo escolar se parte en dos: un tiempo se dedica al aprendizaje presencial con docentes y otro tiempo se organiza con los alumnos trabajando autónomamente con computadoras. Michael Horn caracteriza cinco modelos híbrido, que van desde el tiempo digital en el hogar, en las aulas o en salas especiales en las escuelas.

En América Latina las escuelas Innova de Perú son un ejemplo de este modelo. El 70% del tiempo de los alumnos es con docentes, el otro 30% es en unas estaciones de computadoras, con aplicaciones y software especialmente diseñados para potenciar a cada alumno de manera personalizada.

Las palabras clave de esta nota son “en paralelo”. Estos dos grandes movimientos, la EJE y las escuelas híbrido, van por rutas paralelas. Quienes diseñan las políticas de tecnología educativa dialogan poco con quienes diseñan la EJE. Se amplía el tiempo con más horas “presenciales”, sin importar el avance exponencial de los contenidos/soluciones/aplicaciones/plataformas digitales.

¿No será hora de cruzar los caminos?

¿No será hora de pensar una política de EJE que utilice el modelo híbrido o que al menos planifique su adaptación en los próximos años?

¿Qué pasaría si una escuela de jornada completa tuviese una estación con computadoras (o se usen directamente los dispositivos de cada alumno) y un plan de trabajo digital que refuerce el aprendizaje “presencial” frente a docentes?

¿Qué pasaría si el Estado diseñase una plataforma para todos sus alumnos, donde se seleccione las mejores aplicaciones disponibles en el mercado (y/o cree las que sean necesarias) y las organice como un plan de estudios que refuerzan la currícula con diversas aproximaciones (videojuegos, plataformas adaptativas, multimedia, trasmedia, videos, etc.)?

¿No podrían los alumnos pasar una parte de su día (en la escuela y/o en el hogar) aprendiendo de manera autónoma pero dentro de un plan de estudios alineado en común? ¿No podría ahorrar el Estado la creación de innumerables cargos docentes (si bien muchos igual serán necesarios, como tutores o facilitadores) y dedicar esos recursos a aumentar el salario de los docentes que están en el sistema y potenciar su formación para mejorar la calidad de todo el sistema?

Estas preguntas son urgentes. Planificar un sistema educativo en estos momentos requiere una crucial relación con el futuro: hay que comprender la velocidad de las tendencias y anticipar sus efectos en pocos años. La conectividad de alta velocidad a bajo costo será casi universal en los próximos 5 o 10 años en América Latina. La cantidad de materiales educativos disponibles on line crece exponencialmente. ¿No es hora de seleccionar y reunir todo esto en una gran política pública unida a la extensión de la jornada escolar?

De no hacerlo estos contenidos digitales quedarán en manos del mercado y de los sectores más aventajados. Se ampliarán las desigualdades sociales en paralelo a la brecha digital.

Es hora de poner en dialogo profundo a las políticas de tecnología (que han entregado millones de computadoras en la región) con las políticas de EJE. Es hora de pensar una escuela del futuro que mezcle lo mejor de lo presencial con lo mejor de lo digital. El tiempo escolar está a punto de deshacerse: ya no habrá horarios cerrados para aprender. No es momento para hacer jornadas de 8 horas fijas, atrapadas en un modelo tradicional de clases expositivas, encerrados en 4 paredes. El deporte, el arte, el uso original de los espacios son grandes avances en las políticas de EJE. Pero la renovación puede ser mucho más profunda, puede ser una verdadera revolución.

Ceibal en Uruguay ha comenzado un programa de enseñanza del inglés por vía digital que parece estar dando enormes resultados. Conecta a alumnos con nativos de la lengua inglesa de otros países. Abre conversaciones, en vez de poner a los alumnos a repetir de memoria las reglas sintácticas con docentes que tienen poco dominio del inglés (dado que escasean en América Latina). Ese tipo de cambios profundos pueden ser diseñados en escuelas digitales o escuelas-híbrido de EJE.

Estas escuelas podrán, quizás, combatir como nunca antes la deserción escolar. Hay que pensar el tiempo de formas inéditas para planificar escuelas apasionantes que ningún alumno quiera abandonar.


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