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¿Cómo serán las universidades del futuro?

William Gibson, autor de culto de ciencia ficción, decía: “el futuro ya está aquí, sólo que está mal distribuido”. Para conocer el futuro de las universidades les proponemos un viaje por el presente de las instituciones más innovadoras del mundo. Allí veremos tendencias y experimentos que nos llevarán a múltiples posibilidades y preguntas. Nada mejor para anticipar el futuro que experimentarlo en el presente.

El viaje empieza por la digitalización de la educación superior. ¿Qué quedará de los grandes templos universitarios se preguntan distintos autores? La ola de cursos masivos abiertos en línea o MOOC, por su sigla en inglés, está abriendo múltiples caminos.

Podemos empezar el viaje en China, donde XuetangX, la plataforma de MOOC más grande del gigante asiático, está viviendo un crecimiento exponencial reciente. La alianza con al menos 30 universidades chinas permite que los alumnos sumen créditos haciendo cursos en la plataforma. Esto logra un efecto único de descentralización territorial, centralización de la plataforma de MOOC y descentralización de la oferta on line, abriendo las puertas a un modelo híbrido sistémico.

Otra estación del viaje hacia los MOOC es Francia. Uno de los países donde se presume que prima el conservadurismo de la rigurosidad académica clásica, lanzó en 2013 una plataforma estatal de MOOC llamada FUN (France Université Numérique). La aparición de los cursos liberados genera una espiral de internacionalización de la educación superior. Por ejemplo: en FUN, después de Francia, el país de donde hay  mayor cantidad de inscriptos es Brasil.

Llevados por esta ola de estudiantes brasileros que hacen MOOC franceses el viaje nos acerca a América Latina. En 2015 el gobierno de México lanzó la plataforma de MOOC MexicoX, con una red de más de 40 universidades. En apenas un año llegó a 600 mil usuarios.

En Brasil la plataforma Veduca reúne una oferta variada. En Ecuador Open Campus se ha abierto camino con sus cursos abiertos en los años recientes. El Instituto Tecnológico de Monterrey es uno de los lugares más reconocidos de la región en educación a distancia y sigue marcando el pulso de la innovación en este terreno.

Muchos otros grandes actores mundiales están avanzando a gran velocidad en la digitalización de la educación con más cantidad y variedad de formatos de cursos: EdX, Coursera, Udacity, Saylor, OLI de Carnegie Mellon University o la Open University de Inglaterra.

Una estación fascinante del viaje al presente-futuro de las universidades son las instituciones para aprender a codificar que nacieron en los lugares más remotos del mundo. Quizás el modelo más disruptivo fue la Ecole 42 en Francia, una institución privada y gratuita fundada en 2013 por el multimillonario Xavier Niel.

Una inmensa cantidad de alumnos se inscribe y son seleccionados por medio de pruebas especialmente diseñadas para medir sus aptitudes ante situaciones inesperadas. Los que acceden entran a estudiar en “la piscina”, tal como se lo conoce el campus ubicado en Paris, que ya tiene una segunda sede en Silicon Valley.

La Ecole 42 no tiene profesores ni títulos, certificados u horarios. Está abierta todos los días a cualquier hora. Los alumnos trabajan en proyectos guiados por un equipo pedagógico. La validación de cada proyecto la realizan ellos mismos entre pares. Cada alumno tiene todo el tiempo del mundo para desarrollar sus proyectos. Cuando lo logran pueden pasar a realizar pasantías en distintos lugares del mundo.

Proyectos tan disruptivos como Ecole 42 comenzaron a emerger en Sudáfrica con WeThinkCode, en Rumania y Moldova con Academy+Plus, en Ucrania con la UNIT Factory y en Armenia con TUMO.

Otro ejemplo es Dev Bootcamp, con sede en San Francisco. El programa tiene un modelo de formación intensiva de estudiantes que tienen mínima o ninguna base de programación. El formato incluye 9 semanas de trabajo remoto previo y 9 semanas intensivo con una semana final de entrenamiento laboral para la inserción laboral inmediata.

Otro ejemplo de una institución disruptiva en la educación superior es Minerva. Su propuesta es vivir una experiencia transformadora que compita con las universidades de elite de todo el mundo a más bajo costo. Los alumnos viven semestres de “aprendizaje viajero”: viven en siete ciudades del mundo junto a sus compañeros de ruta (San Francisco, Buenos Aires, Londres, Berlin, Hyderabad, Seul y Taipei). Trabajan en base a problemas reales y proyectos colaborativos.

Minerva se presenta así ante sus potenciales estudiantes: “Cada semestre trae nuevas oportunidades de expandir tu visión del mundo y desafiar tus creencias. Aprenderás a aplicar tu conocimiento en situaciones del mundo real y así desarrollar tu carácter personal”.

Poner en cuestión al sistema universitario tradicional está en el centro de nuestra próxima estación: UnCollege Year Gap. La propuesta en este caso es tomarse un año completo (antes o durante la formación universitaria) para realizar una experiencia formativa disruptiva en tres fases: 1-El viaje (10 semanas con trabajo voluntario incluido en India, Indonesia, México, Peru o Tanzania), 2-El lanzamiento (10 semanas en San Francisco con cursos, contactos, tutores y creación de un portafolio de proyectos), 3-La pasantía (12 semanas trabajando el desarrollo de un proyecto en un contexto real).

Las innovaciones en el mundo universitario comienzan a tener pequeños actores que se montan sobre las estructuras vigentes como pájaros en elefantes. Start ups como Piazza ofrecen salas de estudio virtuales para reunir a alumnos estudiando el mismo tema o preparando el mismo examen. InsideTrack ofrece tutores virtuales para ayudar a los alumnos a sortear los azares de la trayectoria universitaria. USEED cambió el sistema de donaciones para becas universitarias creando un mercado de proyectos experimentales de aprendizaje para financiar de manera directa.

La innovación pedagógica también llega de múltiples formas en este viaje. Por ejemplo, el “Extreme Learning Process” (Proceso de Aprendizaje Extremo), de la Universidad de Tsinghua en China, propone que los estudiantes diseñen actividades de aprendizaje para otros alumnos de diferentes disciplinas. Esto abre un diálogo interdisciplinario colaborativo en una plataforma que registra las interacciones. El formato varía desde la creación de programas de iniciación en una disciplina en 80 horas hasta cursos avanzados de 16 semanas. Todo este trabajo funciona como un incansable ecosistema de aprendizaje entre los estudiantes.

Otro ejemplo, galardonado a nivel mundial, es el programa de Ciencia Integrada de la Universidad de McMaster. Allí los estudiantes forman equipos interdisciplinarios para realizar investigaciones a lo largo de toda su formación de cuatro años.

Otras universidades están haciendo experimentos para sortear la brecha entre la teoría y la práctica. Los “Problem Sets”, conocidos como P-Set son ejercicios ya clásicos del Massachusetts Institute of Technology. Los alumnos tienen que afrontar problemas complejos y desafiantes que típicamente se resuelven en una semana. Aquí se puede ver un ejemplo.

La Universidad de Utah se ha convertido en un ejemplo del aprendizaje basado en el hacer con su modelo para crear empresas como parte de la trayectoria de los estudiantes.

Las innovaciones no se dan solamente en las instituciones sino también en la investigación académica. ¿Conocen los “visual journals”? Se trata de revistas académicas científicas visuales. El primer gran ejemplo fue JoVE, que permite atacar un problema fundamental de los papers en las ciencias naturales: la incapacidad de reproducir los resultados experimentales. Otro ejemplo es revista académica visual es Edorium, especializado en medicina, en áreas como cirugía, donde lo visual resulta crucial. En las ciencias de la educación existe ya la primera revista académica visual: Video Journal of Education and Pedagogy.

Las nuevas credenciales también han comenzado a crear un entorno nuevo que discute el gran abismo que separaba tradicionalmente al alumno con o sin título universitario. Todo parece ir en camino de la modularización de las credenciales, con flujos que borran las fronteras del adentro y el afuera de las universidades con microcréditos, badges o nano créditos de Udacity.

La aparición de esta multiplicidad de experimentos se está combinando con la digitalización creciente de la enseñanza superior para dar nacimiento a una tendencia inédita: la metapedagogía. Estamos entrando en un gran laboratorio que permite medir cómo aprenden los alumnos gracias al Big Data, la inteligencia artificial y la aplicación experimental de distintos modelos de aprendizaje.

Coursera, la plataforma más grande de MOOC del mundo, está avanzando la inteligencia artificial con las teorías cognitivas del aprendizaje para “desarrollar la teoría pedagógica más potente de la historia”.

Minerva tiene cuatro cursos obligatorios para todas las carreras. En esos cursos se desarrollan diversas actividades que se han convertido en un gran laboratorio de métodos de aprendizaje para hacer experimentos naturales puros sobre sus efectos en los estudiantes.

La plataforma china donde comenzamos este viaje, XuetangX, también va en esta dirección. Uno de sus inventos más salientes se llama “Rain Classroom”, un sistema que permite a los profesores tener retroalimentación en vivo de sus alumnos con una aplicación para modificar la enseñanza durante las clases.

Si el viaje vuelve a China, donde empezamos este breve recorrido, quizás no deba terminar allí. Un aspecto más que muestra el posible futuro de las universidades está en el corazón mismo de su historia: en la organización del espacio físico.

En este hermoso video se puede ver un año completo en dos minutos de una sala de clases llamada Minerva Plaza en la Facultad de Educación de la Universidad de Helsinki, en Finlandia. Verán casi un baile pedagógico, una movilización constante del espacio para diversos usos. Quizás sea una marca de un tiempo nuevo, donde las viejas catedrales de bancos inmóviles comienza a ser un problema para pensar el aprendizaje de formas innovadoras.

Las universidades del futuro parecen mostrar tendencias hacia la digitalización, el aprendizaje y la investigación en formatos multimedia, el trabajo por proyectos interdisciplinarios, basado en problemas o desafíos de la vida real, las experiencias inmersivas o multiculturales, el desarrollo de nuevas habilidades y la formación del carácter, nuevas credenciales, el aprendizaje colaborativo y entre pares, el uso del Big Data y la personalización por vía de las máquinas.

La diversificación de formatos parece borrar los límites profundos entre lo que es y no es una universidad. Esto nos llena de preguntas: ¿qué es un estudiante? ¿Cómo se forma el pensamiento de un profesional? ¿Cómo se demuestra el saber? ¿Qué bases compartidas deben tener los alumnos? ¿Quién definirá el saber legítimo de cada disciplina en formatos híbridos?

Los viajes hacia el presente de las instituciones más innovadoras son formas concretas para abrir esas preguntas en la experiencia de quienes están hoy mudando su lugar de aprendizaje como pioneros de un mundo en movimiento.


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